Mi fiel compañero, el miedo

Mi fiel compañero, el miedo

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“Prometo serte fiel en la riqueza y en la pobreza,

en la salud y en la enfermedad,  así como amarte

y respetarte todos los días de mi vida,

hasta que la muerte nos separe”

 

Pues sí… nada más nacer, contraemos matrimonio con el miedo. Miedo a intentarlo, miedo a no intentarlo. Miedo a hacerlo mal, miedo a hacerlo demasiado bien. Miedo al rechazo… y también al apego.

Pasamos la vida junto a él y ni siquiera nos damos cuenta porque aparece disfrazado de algo diferente cada día. Por eso nos pasa desapercibido.

A veces, nos da tanto miedo el propio miedo, que nos paraliza. Nos quedamos congelados y no podemos reaccionar ante la situación que se nos presenta.

Otras veces, corremos con toda nuestra energía para que no nos atrape. Le damos  la espalda al conflicto.

Los días que nos levantamos motivados, le plantamos cara y nos enfrentamos a él, hasta quedar exhaustos. Y aún así, ahí sigue al día siguiente con su traje de camuflaje.

Me da la impresión de que se nos olvida cumplir una de las partes del ritual de este matrimonio. La que dice: “…  así como Amarte y Respetarte todos los día de mi vida”.

 

Entonces…¿qué puede pasar si nos hacemos amigos del miedo, compañeros de viaje?

Tratemos de verlo como alguien que nos mantiene a salvo, que nos ayuda a ser prudentes en la toma de decisiones, a prever posibles riesgos. Como alguien que ya no se nos pone delante y tampoco nos persigue. Alguien a quien podemos coger de la mano para que nos acompañe allá donde queremos llegar.

Nos pasamos la vida buscando certezas, buscamos la seguridad en el exterior, siempre fuera de nosotros. Creemos que así estaremos seguros y a salvo. Nos gusta tener las cosas atadas; una nómina a final de mes, una pareja con la que compartir colchón, unos amigos con los que tomar una cerveza, una reserva para las vacaciones de verano en un lugar bien lejos… Vivimos creyendo que eso es la seguridad.

miedo

En estos días la incertidumbre se ha apoderado del Planeta más que nunca, no sabemos si cuando todo esto acabe seguiremos conservando el puesto de trabajo, si seguiremos contando con todos nuestros seres queridos, si seguiremos gozando de buena salud o incluso, si con suerte, pasaremos las vacaciones en el pueblo de los abuelos. En estos días, podríamos aprovechar para mirar al miedo a los ojos, ofrecerle nuestro reconocimiento y sincerarnos con él.

Para eso, no nos queda otra que mirarnos al espejo. Sincerarnos con nosotros mismos. Reconocer a qué le estamos teniendo miedo y validarnos, darnos el permiso para quedarnos con él hasta sentirlo.

Sólo cuando seamos capaces de hacer este trabajo de introspección podremos tenderle la mano e iniciar una nueva relación basada en la confianza, el respeto y el amor hacia uno mismo. Con una nueva mirada que vaya desde dentro hacia afuera.

Solo así conseguiremos la seguridad y la certeza para seguir caminando con paso firme.

Lo exterior es pasajero, efímero… es un escenario que va cambiando según las exigencias del guión. Los protagonistas somos cada uno de nosotros y siempre estamos ahí. Por más que nos empeñemos en que nos adelanten el guión, no vamos a saber en qué obra nos va a tocar actuar, porque cada día hay cambio de cartel.

Cada día se estrena una escena más de la obra de teatro que es nuestra vida y tenemos que salir al escenario a representarla. Así que mejor si lo hacemos bien acompañados, no crees?


Ester Díaz - GESTALT PNL
Ester Díaz
TERAPIA GESTALT y PNL
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esterdiazm@hotmail.com

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